Saturno: El genio y la melancolía

The Agony and the Ecstasy (1965)A propósito de la película de Carol Reed El tormento y el éxtasis (The Agony and the Ecstasy, 1965), en la universidad me pidieron un análisis de ella como trabajo de clase para la asignatura de Estética. Se trataba de relacionar la figura del protagonista con el dios greco-romano Saturno (el Cronos griego), la astrología babilónica y greco-romana, las teorías médicas de Hipócrates, la idea o concepto de genio y las teorías neoplatónicas del filósofo renacentista Marsilio Ficino.

Para quien no haya visto el film, en el se relata como el papa Julio II quiso obligar a Miguel Ángel Buonarroti, el escultor florentino del siglo XVI, a pintar la Capilla Sixtina del Vaticano. Y no digo nada más porque ya sería quitarle toda la gracia a la película. Dos brillantes Charlton Heston, en el papel de Miguel Ángel, y Rex Harrison en el de Julio II, hacen de ella un film imprescindible para los amantes de la historia del arte.

Así pues, aun que lo creía imposible, ya que la filosofía nunca se me ha dado bien, hice esa relación/reflexión crítica del protagonista y de la película, apoyándome en estos libros:

  • WITKOVER, Rudolf y Margot. Nacidos bajo el signo de Saturno. Genio y temperamento de los artistas des de la Antigüedad hasta la Revolución Francesa. Madrid: Cátedra, 1985.
  • KLIBANSKY, Raymond; PANOFSKY, Erwin; y SAXEL, Fritz. Saturno y la Melancolía: estudios de historia de la filosofía de la naturaleza, la religión y el arte. Madrid: Alianza, 1991.

Y este fue el resultado. Espero que os guste.


 

Saturno en la literatura antigua

Todos los dioses griegos tienen un carácter dual, de manera que pueden construir y destruir a la vez, e igualmente castigar y beneficiar. Cronos es un dios en el que esta dualidad está muy marcada. Es el dios inventor de la agricultura y de la edificación de ciudades, el señor de la Edad de Oro y de las Islas de los Bienaventurados. A su vez, se le identifica como un ser triste, solitario, desterrado debajo de la tierra y el mar, señor del subsuelo, prisionero en el Tártaro, y posteriormente dios de la muerte y de los muertos.

Esta ambivalencia se demuestra más cuando se lo trata como al padre de los dioses y los hombres, y a su vez devorador de niños y comedor de carne cruda. Castró a su padre Urano con la hoz, uno de sus muchos atributos, los cuales son descritos por Homero en la Ilíada y por Hesíodo en la Teogonia.

Los babilónicos conocían seis planetas, incluyendo la Tierra. Los veneraban como sus dioses, y cuando se los mostraron a los griegos, que solo conocían un planeta aun que ellos creían que eran dos diferentes, también hicieron lo mismo. Al identificar un dios con un planeta, Cronos fue relacionado con el sexto, nuestro Saturno.

Cuando los romanos asimilaron y fundieron su panteón con el griego, el dios Saturno romano de los campos y las cosechas se juntó con Cronos, que como ya he dicho antes, para los griegos, entre otras cosas, se encargaba de la agricultura. Esto comportó que Cronos aumentara sus características positivas y se acentuara la dualidad del dios.

La astrología llegó a los griegos a través de los babilónicos. Le dieron más importancia a los conocimientos astronómicos que a los astrológicos, pero en el siglo I a.C. se consolidó un sistema de división de los planetas, en benéficos y maléficos, que fue la base de las predicciones astrológicas posteriores. Saturno fue catalogado como maléfico, hecho que comportó que posteriormente se asociara la influencia de este planeta con la melancolía. Así Marcus Manilius, poeta y astrólogo romano del siglo I d.C., en sus versos describe a Saturno como un señor celeste, triste, de carácter sombrío, destronado por sus hijos y desterrado. A partir de que la astrología relacionó las figuras míticas de los dioses y los planetas con los comportamientos y la naturaleza humana, a Cronos, como lo veían como a un anciano triste y pensativo, con características negativas, se lo relacionó con un grupo de humanos tristes, viejos, sin hijos, malos… y así los influidos por Saturno eran rudos, egoístas y avaros. El carácter pesimista, solitario y frio de los saturninos se relacionó con la melancolía.

 

El genio, la locura y la melancolía

Los griegos dividieron el cuerpo humano en cuatro humores o substancias fluidas: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. La persona sana tiene un equilibrio de estas substancias, la justa medida, y la enferma exceso de una de ellas. Esta teoría de Hipócrates, se mantuvo en la Edad Media y el Renacimiento. Cuando se relacionaron los humores con la psicología, estos se convirtieron en los elementos que definen el carácter de las personas. Por ejemplo, el predominio de bilis amarilla provocaba un exceso de cólera, y el predominio de bilis negra provocaba un exceso de melancolía. Aristóteles fue aun más allá y relacionó el humor melancólico con el talento en las artes y las ciencias. Esta melancolía causada en los genios por el exceso de bilis negra, podía provocar depresión, apatía, ansiedad, excentricidad, ser propenso a situaciones de locura, y todo esto acompañado de una gran creatividad.

La teoría clásica de los temperamentos se hizo más fuerte cuando se relacionó con la astrología. El carácter de un hombre estaba determinado por su planeta, y Saturno influía en las personas melancólicas, los genios, con exceso de bilis negra. En el Renacimiento se creía que la melancolía era un don divino y que solo los melancólicos eran creativos.

En 1436, Leon Battista Alberti sugirió en su tratado De pictura, que el artista se podía considerar como un dios, como una persona que se aleja de la gente normal. Marsilio Ficino, creía que los inspirados estaban bajo un estado de locura divina. A partir de entonces se aceptó la idea de que el artista creaba en un estado de locura inspirada, una locura que dependiendo de su grado de intensidad podía ser positiva y convertirte en un genio, o negativa convirtiéndose en una patología.

Melancolía I (1514) de Albrecht Dürer

 

Conducta excéntrica y modales nobles

El paradigma del genio en esta época del Renacimiento italiano de las artes fue Michelangelo Buonarroti (Caprese 1475 – Roma 1564), el carácter del cual era ya un misterio para la gente de su tiempo. Se le describe como una persona solitaria, con pocos amigos a los cuales cuidaba, pero distante con el resto de gente. Inflexible y demasiado susceptible. Era un apasionado de la belleza y se obsesionaba con las artes, fue creativo en todos los campos: pintura, escultura, arquitectura y poesía.

Las fuentes nos lo describen como una persona de carácter difícil, obstinada y desconfiada. Tanto en su vida personal como profesional tenía unas costumbres muy arraigadas, por ejemplo, no quiso nunca un ayudante a su lado y no quiso colaborar nunca con nadie. Ninguno de los aprendices de su taller se convirtió en un artista importante. Su aislamiento le hacía sufrir, le angustiaba, pero a la misma vez se encontraba bien en él. Sus poemas siempre describían sus estados de ánimo, emociones y sus pensamientos en todo tipo de temas, como el amor, la religión y el sentido de la vida.

El personaje de Miguel Ángel interpretado por Charlton Heston en El tormento y el éxtasis nos lo muestra como un hombre muy perfeccionista, al que le cuesta mucho sentirse satisfecho de su trabajo y que, si no le gusta, lo vuelve a repetir tantas veces como haga falta, olvidándose de dormir, de comer y del resto del mundo. Esta obsesión por su trabajo lo lleva a la enfermedad, a no preocuparse por su salud, casi se queda ciego pintando el techo de la Capilla Sixtina.

Era una persona violenta y áspera de tratar, se discute con todos los que cuestionan o amenazan su obra, especialmente con el papa Julio II, que también tenía un carácter muy fuerte. Es importante su hostilidad hacia Bramante, el arquitecto del Papa, que estaba construyendo un nuevo San Pedro del Vaticano, lugar donde tenía que ir la gran tumba que el genio le estaba esculpiendo a Julio II y que no le dejaron terminar, ni el mecenas, ni el tiempo.

Buonarroti también era celoso, especialmente del pintor Rafael, al que veía como un enemigo ya que el Papa siempre le amenazaba con substituirlo por este.

Angustiado, atormentado y deprimido, un escultor al que obligaban a pintar. Los encargos le impedían desarrollar su arte favorito, la escultura sobretodo en mármol, y satisfacer sus ganas de sacar a la luz figuras de dentro de las piedras, “per forza di levare” como él decía.

En todas sus obras líricas y en muchas de las cartas dirigidas a familiares y amigos, se puede apreciar claramente como era su personalidad. No era un literato propiamente dicho, y no publicó ninguna de sus poesías. Sus versos no son ni harmoniosos ni delicados, hay durezas formales y conceptuales, a menudo contienen consideraciones críticas y estéticas, y referencias a su duro y solitario oficio, como por ejemplo lo versos autoirónicos que el artista escribió cuando pintaba la Capilla Sixtina:

“Siento la barba al cielo y en el dorso
la memoria, y tengo el pecho de una arpía,
y el pincel sobre el rostro, goteando
me lo va convirtiendo en pavimento rico.”

También tiene muchas rimas de amor dedicadas a Tommaso Cavalieri, un joven amado por el artista. Con el paso del tiempo se observa una ansiedad y un tormento creciente, y es precisamente en sus versos de madurez y vejez donde alcanza el momento más conmovedor de su lírica.

Miguel Ángel, sin ninguna duda un genio enfermo de bilis negra influenciado por Saturno. Vivía bajo un estado de melancolía que le provocaba la dureza y soledad de su trabajo. Una cuestión ambigua y dual como el mismo dios Saturno, ya que este sentimiento a la vez lo atormentaba y a la vez le satisfacía, dándole momentos de furor creativo. Tenía una necesidad imperiosa de plasmar las ideas en la materia, de crear artísticamente, que no siempre podía satisfacer por culpa de los encargos y el sistema de mecenazgo de la época, “me quiere ahogar en pintura” dice Chalton Heston, Miguel Ángel, refiriéndose a Rex Harrison, el Papa Julio II.

 

Marsilio Ficino

El filósofo neoplatónico y humanista Marsilio Ficino (1433-1499), fue el traductor de los textos de Platón y Plotino. Él mismo se consideraba melancólico y lo relacionaba con la influencia de Saturno, planeta al que veía como desfavorable y malo. Por eso dirigió sus esfuerzos a contrarrestar los efectos negativos que en él tenía la melancolía. Pero no hay que olvidar que fue él quien terminó de configurar la figura del genio melancólico, y quien consolidó la magia astral neoplatónica en la Europa del Renacimiento.

Escribió tres libros sobre cómo se tienen que tratar y las características de los caracteres que provoca la influencia de Saturno en las personas. Se llaman De vita triplici. Igual que Aristóteles, culpa a Saturno de la melancolía y la cualifica de don de carácter divino. Fue el primero en relacionar lo que Aristóteles había llamado melancolía de los hombres intelectuales destacados, con lo que Platón había llamado el furor divino, la creatividad extrema. Las mentes más elevadas, las que se ocupaban de las cuestiones más trascendentales, en definitiva, las más alejadas del cuerpo, correspondían al planeta más elevado, más poderoso, y ahora, el más noble, Saturno. Todos los estudiosos están condenados a la melancolía y sometidos a este astro, porque no solo los nacidos bajo su influencia eran buenos para las cuestiones intelectuales, sino que estas actividades, también influían en el hombre y lo ponían bajo la influencia del planeta.

El carácter bipolar, muy positivo por un lado y muy negativo y angustioso por el otro, que sufría el mismo Ficino, le llevó a buscar maneras de suavizar los aspectos maléficos de esta personalidad genial, para así, poder disfrutar de los aspectos buenos. Creó una compilación de normas de salud, según dice él, influenciado por el médico romano del siglo II d.C Galeno y el filósofo Platón, en un intento de reconciliar todas las escuelas de medicina, incluyendo la astrología y la magia, que chocaban con la ética neoplatónica. Para integrarlo, Ficino parte de la creencia de que el ser vivo está conectado a los astros por un intercambio constante que hay de fuerzas que surgen a través de los rayos emitidos por los cuerpos celestes. El alma del hombre es libre, pero el que no lo es está sujeto a esta influencia del cosmos.

Propone tres categorías de remedios: en primer lugar, hacer régimen, tener buenos horarios, una buena alimentación y un buen lugar donde vivir, hacer bien la digestión, caminar, hacerse masajes, y gozar de la música; en segundo lugar, los medicamentos hachos con todo tipo de plantas; y en tercer lugar, la magia astral y los talismanes. Así pues, para él, la magia y la medicina son lo mismo, porque ya sea con alimentos, plantas o amuletos, lo que hace es exponer al cuerpo a fuerzas vinculadas a un astro en concreto para curar.

Y en el caso de los melancólicos atormentados por Saturno, tenían que resignarse y dedicar-se a las tareas para las cuales estaban destinados, las intelectuales y creativas, las regidas por su astro, eso les salvaría de los riesgos que comportaba para su salud. I así fue como Saturno acabó siendo el patrón principal de la Academia Platónica de Florencia, creada por Lorenzo el Magnífico de Médici y dirigida por  el mismo Marsilio Ficino.

 

Marta Borràs Ollé, 28-11-2012

Revisado en setiembre de 2016


¡Espero que os haya gustado la entrada y volver a veros en otra esquina de elaberintodemarte!

Martae

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